Una filtración de datos en Free, Cegedim o en la Dirección General de Finanzas Públicas francesa: el tema llega a los titulares y, a la mañana siguiente, los teléfonos de muchos CISO no dejan de sonar. Un empleado ha recibido un correo sospechoso. Otro indica que su dirección de correo profesional aparece en una lista que circula en un foro. Todos los departamentos preguntan si “estamos afectados”. Los usuarios se preguntan qué hacer ante una filtración masiva de datos.
Respuestas clave para los CISO.
Esta es la naturaleza de las grandes filtraciones de datos: nunca permanecen confinadas a la organización directamente afectada. La información se propaga y, al cruzarse con otras bases de datos, alimenta campañas de phishing, intentos de fraude por transferencia bancaria y mucho más. Los afectados por el robo de datos son tanto particulares como empresas y organizaciones. Por ello, los reflejos adecuados que hay que adoptar son prácticamente los mismos, ya se trate de gestionar cuentas personales o un sistema de información con 5.000 puestos de trabajo.
Poniendo el contexto
Las grandes filtraciones de datos se han convertido en un fenómeno global y altamente mediático. Los ciberdelincuentes —entre ellos perfiles nuevos, más jóvenes y francófonos— buscan lograr el “mayor golpe” posible y hacerlo público. Más allá de la notoriedad, estos grupos pueden estar motivados por el beneficio económico o, en menor medida, por consideraciones geopolíticas.
“Las filtraciones de datos se han convertido en un tema de interés general. La opinión pública está cada vez más atenta a este tipo de riesgos.”
Comprender qué se ha filtrado realmente
Hoy en día, casi todo el mundo tiene datos personales que han quedado expuestos en alguna filtración. El verdadero reto consiste, por tanto, en identificar qué información se ha visto comprometida y qué acciones deben adoptarse en función de la naturaleza de esos datos:
- Usuario y contraseña: es el escenario más común y el más directamente explotable, por ejemplo a través de ataques de credential stuffing. Los atacantes saben que la reutilización de las mismas credenciales en entornos personales y profesionales está muy extendida. Una filtración en un sitio de comercio electrónico puede convertirse así en un punto de entrada al sistema de información de una empresa.
- Dirección de correo electrónico: la exposición de una dirección de correo electrónico desencadena automáticamente campañas de phishing dirigidas. Una filtración en un proveedor, como una empresa de alquiler de equipos o un grupo de compras, puede ser suficiente para alimentar oleadas de correos fraudulentos altamente creíbles, al estar contextualizados en una relación comercial real.
- Datos bancarios (IBAN o información de cuenta): conocer un IBAN y un BIC permite crear órdenes de domiciliación fraudulentas, que deben ser supervisadas. Este elemento también puede contribuir al robo de identidad al formar un expediente creíble cuando se combina con otros datos personales.
Robo de datos: ¿qué hacer?
Los reflejos que deben adoptarse son los mismos tanto para las empresas como para los particulares, aunque los riesgos sean naturalmente mucho mayores en una estructura colectiva. Las redes sociales también merecen una atención especial en el ámbito profesional, ya que la información publicada en LinkedIn u otras plataformas puede combinarse con datos robados para alimentar ataques de ingeniería social sofisticados, ya sea suplantación de identidad, phishing altamente dirigido o llamadas telefónicas fraudulentas.
En todos los casos, una filtración en un proveedor o en un grupo de compras debe activar una alerta inmediata sobre el riesgo de campañas de phishing dirigidas a los equipos afectados. Asimismo, debe informarse a la entidad bancaria de los riesgos asociados a la exposición de datos financieros (intentos de fraude por transferencia o fraude de mandatos).
A continuación se presenta una lista de acciones prioritarias para que las organizaciones y sus miembros sepan cómo actuar en caso de robo de datos:
- Cambiar inmediatamente las contraseñas del servicio comprometido y de cualquier otro en el que se hayan reutilizado
- Separar estrictamente los usos profesionales y personales (credenciales, direcciones de correo, dispositivos)
- Adoptar un gestor de contraseñas o un cofre digital para solventar la dificultad de recordar combinaciones de usuario y contraseña únicas por servicio
- Supervisar las cuentas bancarias e informar al banco en caso de exposición de datos financieros
- Sensibilizar a los equipos afectados (en particular los departamentos de compras y finanzas) sobre el mayor riesgo de phishing tras una filtración masiva de datos
Comunicar para cumplir y generar confianza
Desde 2018, el RGPD exige a las organizaciones afectadas por una filtración de datos que notifiquen a la CNIL y, en determinados casos, a las personas afectadas.
“Esta obligación ha transformado profundamente las prácticas: las empresas han mejorado en general su comunicación sobre el tema y, desde hace dos o tres años, podemos hablar realmente de una aceleración de la transparencia en estas cuestiones.”
Los formatos de comunicación varían: algunos son muy concisos, otros más detallados y pedagógicos, pero la tendencia general es claramente hacia una mayor transparencia. Se trata de una evolución positiva: una comunicación rápida y clara permite a las víctimas adoptar sin demora los reflejos adecuados. Las organizaciones que comunican eficazmente tras una filtración —explicando qué se ha expuesto, qué no y qué deben hacer las víctimas— no solo limitan los daños reales, sino que también preservan su reputación a largo plazo.
La iniciativa del Banque de France
Una consecuencia directa del aumento de la cobertura mediática de las filtraciones de datos es, de forma inevitable, la multiplicación de consultas cuando se produce un incidente. Nicolas Pley, subdirector de Prevención de Riesgos del Banque de France, describe una situación que consume mucho tiempo, en la que el CISO y el CERT‑BDF se ven desbordados por preguntas y fuentes de calidad desigual en múltiples conversaciones internas.
Para abandonar esta postura reactiva, Nicolas Pley puso en marcha un canal interno de comunicación denominado “Cyberurgences”, en el que los equipos de ciberseguridad proporcionan respuestas concisas a las siguientes preguntas:
- ¿Qué ha ocurrido en la organización tercera?
- ¿Estamos afectados?
- ¿Somos un objetivo potencial?
- ¿Qué comprobaciones se han realizado y con qué resultados para nuestra protección?
La idea es difundir de forma proactiva información “depurada” a un grupo seleccionado de lectores internos que, si lo consideran necesario, puedan trasladarla a sus equipos. Más allá del evidente ahorro de tiempo, este enfoque también actúa como recordatorio para la concienciación. Este sólido ejemplo de comunicación interna —principalmente entre los equipos de ciberseguridad y la dirección del Banque de France— podría ampliarse fácilmente a un grupo más amplio de colaboradores. Compartir este tipo de información con una red de socios podría contribuir, de hecho, a crear un ecosistema virtuoso en el que cada uno sepa si debe actuar y cómo hacerlo.
“Esta iniciativa nos ha permitido recuperar el control frente a numerosas cadenas de correos redundantes y poco precisas. Gracias a este nuevo canal, hemos reducido la carga de comunicación en torno a estas filtraciones y ahora transmitimos un mensaje único, unificado, más claro y más tranquilizador para los equipos.”
En conclusión, ¿qué debe hacerse ante una filtración masiva de datos en un tercero? Para los CISO, debe abordarse como un incidente interno. Cada incidente público de gran relevancia es una oportunidad para poner a prueba la capacidad de reacción de los equipos, verificar la aplicación de las reglas básicas de higiene cibernética y recordar a todos la importancia de separar los usos profesionales y personales, ilustrando al mismo tiempo el riesgo cibernético de manera muy concreta.